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Desastres de la guerra

La crisis del Antiguo Régimen se precipitó en España en 1808, con el estallido de la guerra de la Independencia (1808-1814). Esta guerra, cruenta y destructora, no sólo fue una guerra de los españoles contra los franceses, sino también fue una auténtica guerra civil, pues los patriotas, es decir, la mayoría del pueblo español, se enfrentó a los afrancesados, josefinos o infidentes, que aceptaron al nuevo monarca, José I Bonaparte, impuesto por su hermano Napoleón como rey de España.

Goya fue testigo directo de esa guerra y de sus horrores, que plasmó en imágenes en Los Desastres de la Guerra. La serie la componían  ochenta grabados y Goya los fue preparando entre 1810 y 1814, coincidiendo con el desarrollo de la guerra, y de forma oculta, por temor a represalias de los franceses que ocuparon Madrid hasta junio de 1813. Las circunstancias políticas posteriores, con la vuelta del absolutismo tras el regreso en 1814 de Fernando VII impidieron su publicación, y Los Desastres no fueron publicados  hasta 1863 por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Goya no hizo en Los desastres una exaltación de las hazañas militares, sino que realizó un alegato contra la guerra en general y contra la violencia. Hizo una reflexión amarga, cruda y desencantada sobre el hombre, inmerso en una situación bélica que provoca crueldad, violaciones, devastación, muerte, miseria y hambre. Arremete contra las atrocidades que cometen los dos bandos, franceses y españoles. Goya vivió tan dramática situación y la plasmó en sus grabados como un cronista o reportero gráfico de hoy. Los Desastres ponen de manifiesto el fracaso de la razón en la que tanto confiaban los ilustrados. Son una crónica del fracaso humano.

Segunda edición (1892), Calcografía Nacional.

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