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Disparates 

La última gran serie de grabados hecha por Goya fue la de Los disparates, que también se denominó Los proverbios en la primera edición. Comenzó a prepararla en 1816, pero debió de quedar sin concluir cuando marchó a Francia en 1824, ante la vuelta del absolutismo, tras el Trienio Liberal. Por ello no fue editada en vida del artista. De las veintidós planchas que componen la serie, dieciocho fueron editadas en 1864 por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y las cuatro restantes se publicaron en París en 1877.

Los Disparates son unos grabados difíciles de interpretar por sus enigmáticas imágenes y carecen de una unidad o lógica narrativa. Se desconoce la ordenación que Goya les hubiera dado. En cuanto a los títulos sólo se conocen originariamente los de trece, gracias, a las pruebas de estado, y todos ellos comienzan por la palabra disparate. Los que aparentemente parecen temas lúdicos y desenfadados, carnavalescos, adquieren un aire siniestro y tenebroso por el dramatismo de la luz nocturna. La mayoría de los asuntos abordados en Los disparates, ya habían sido tratados por Goya en Los caprichos, pero ahora lo hace con un sentido dramático o grotesco. 

Los Disparates se deben interpretar en clave irracional. El miedo a lo desconocido; la ridiculización de los matrimonios a la fuerza; las manifestaciones de erotismo y de la relación amorosa como acto devorador; lo fantástico de volar; la ridiculización de los que rodean al monarca Fernando VII, y que se jactan de ser “leales”, bien por interés o por hipocresía, parecen estar en la explicación de algunos de estos Disparates. Goya se muestra pesimista, parece que ha perdido su confianza en el hombre.

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